Cima de Artiabaso (381 m)
Todo empezó un viernes con un correo electrónico. Grupo de amigos con correo exclusivo. Exclusivo para chiflados de la montaña. El de Navarrete nos dice que cómo los de Bizkaia, que tenemos hasta el birrimonte más tachuela del territorio olisqueado, podemos haber dejado pasar por alto un monte de más de 130 metros de prominencia. ¡Cachis la mar! Estos de secano… El guante está lanzado y prontamente recogido. El mismísimo sábado de mañanita, a pesar de que la meteo no se mostraba muy propicia, sale de Bilbao rumbo a Elorrio la picona del grupo. Que una se pica muy fácil. Se me encuentran rápido las cosquillas.
Artiabaso con Alluitz (1034 m), Astxiki (785 m) y Untzillatx (941 m) de guardaespaldas
Llevo al Rubio de compañero y nada más abrir la puertezuela del maletero se va de parranda. Una perrilla atada hace compañía a un baserritarra mientras este hace trabajos en la huerta. Le llamo al orden y le digo que primero es la obligación y luego la devoción. El placer lo dejaremos para luego. La iglesia de San Agustín es realmente monumental. Buen comienzo para una andadura.
Iglesia de San Agustín, s.XV (Elorrio)
Me he trazado una ruta en casa y el hippy la muestra orgulloso. “Ahora vamos fuera de ruta”, les aviso, porque por aquí no hay camino. Un ataka y el Rubio que pretende poner pies en polvorosa. “Si cuando te digo yo que no hay que hacerle caso al hippy este! Para llegar aquí, ¡encima!, que esto no tiene ná de ná”. Se refiere al monte Armintar que, verdaderamente, lo único que luce es una repoblación de pinos. Ir acompañada de dos machos alfas tiene bastantes pegas. Pero yo he aprendido a ignorarles y no hacer demasiado caso ni a las espantadas de uno ni a las exigencias del otro.
Udalatx (1120 m) luce como un tridente tras Armintar (360 m)
Bajamos de nuevo al camino, y pronto llegamos a la hermosa fuente de Berriozabaleta. Parece fuera de lugar y, aunque ya la conocía gracias a los chicos del Erdella MT que acostumbran a meter por aquí su marcha anual, vuelvo a admirarme con su monumentalidad. Quien la mandó construir, Manuel Plácido de Berriozabalbeitia, consiguió lo que pretendía; que en su barrio natal se le recuerde para siempre.
Berriozabaleta
La monumental fuente
Nos acercamos ahora al Larrinto, otra cota de destacada prominencia (esto lo sabe el que lo sabe, que no es cosa fácil, eh?). El Rubio vuelve a rebelarse. No sabe qué pintamos allí en vez de hacerle compañía a aquella linda perrita atada a la vera de una huerta. Le enseño unos viejos panales y continuamos camino en busca del tesoro que hemos ido a encontrar.
Viejos panales
Llegamos al núcleo de Arabios e intento localizar una ermita que viene marcada en el mapa. Ni rastro. Sin entretenernos demasiado, continuamos ladera arriba para alcanzar el cordal de nuestro objetivo: el Arangoiti, como le denominan los mapas consultados por el riojano. Y mira tú por dónde, encontramos no solo el cofre sino también el tesoro. Un cofre de pinos y algún ciprés con un tesoro en forma de minúsculo caserío de acero inoxidable. Le pido al hippy que anote esto y envío fotos por guasap al grupo de chiflados. Una fiesta. Seguro que alguno estará pensando eso de “todas las tontas tienen suerte” pero nadie lo dice. Son unos inmaduros muy educados.
Grabado en el buzón
Seguimos el cordal hacia el E y nos topamos ahora con un largo muro de piedra, en bastante buen estado, que recorre el cordal marcando la divisoria de Atxondo con Elorrio.
Muro en la muga Atxondo-Elorrio
Las zarzas son molestas para una cosa tan bajita como el Rubio. Hemos hablado él y yo y considerado conveniente ponerle unas gafas de nadar para que se proteja los ojos. Porque, muy macho sí, pero cuando ve que los hierbajos le obstaculizan el paso me mira con ojos tiernos para que le coja en brazos. Y un día me voy a romper la crisma por ir de esa guisa por el monte. Llegamos a terreno limpio y recuperamos ritmo. Veo una pista a la derecha que parece bajar directamente de la cumbre sin necesidad de dar el rodeo que nosotros hemos dado. Habrá que repetir en otro momento y comprobarlo.
Cuando alcanzamos la pequeña carretera que une Arabios con la carretera general que va de Durango a Elorrio veo con incredulidad que en una señal se cita la ermita de Santa Eugenia. ¡No puede ser! Sujeto al Rubio que anda ansioso por llegar a la vera de la huerta y le dejo más tarde que vaya a saludar de nuevo a su amiguita. Vuelve demasiado rápido; “¡la chica se ha esfumado!”, me recrimina.
Le digo que suba al coche porque vamos a subir hasta Arabios a intentar localizar la ermita como dos buenos sabuesos.
Escudo en Arabios behekoa
Es mi día de suerte y me encuentro con Juanjo, que trastea a las puertas de su caserío. Le pregunto por la ermita y me dice que está en terreno particular y que no se puede visitar. Admiro su caserío y me enseña orgulloso el escudo que decora su fachada. Me explica que fue casa rural pero que las exigencias han cambiado y que tuvo que cerrarlo. Se presta voluntario para acompañarme hasta el camino que va a la ermita, que dice la canción, a día de hoy impracticable. “Saca fotos, saca”. Me cuenta chascarrillos de la barriada y yo a cambio le hablo del tesoro oculto en el monte Artiabaso/Arangoiti o Arteagabaso, como el estudioso Patxi Galé recoge en su Catálogo de Cimas de Bizkaia. No lo conoce y me asegura que irá en fecha próxima a visitarlo. Y charlamos, charlamos, charlamos.
Ermita de Santa Eugenia con Larrinto (348 m) de fondo
Ha empezado a llover pero Juanjo no parece darse cuenta de ello. Me relata ahora rencillas entre hermanos; y prosigue su discurso poniéndome al corriente de herencias envenenadas. Me despido de él con un apretón de manos y la promesa (que habré de cumplir) de una nueva visita en la que seguiremos conversando.
Llueve incesantemente. Aún así, camino a casa paro en Muntsaratz para rendir tributo a Mari. Sarna con gusto no pica. A mí la lluvia hace tiempo dejó de mojarme.
Muntsaratz. Una de las moradas de Mari
PS Hugo, me debes unas chuletillas al sarmiento. Y vete mentalizándote porque yo, comiendo, engaño mucho.