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Hohe Warte - Monte Coglians (Alpes Cárnicos) - Luisa Alonso Cires

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Refugio Marinelli

Inicio: Plöcken Pass o Passo de Monte Croce (1360 m). Desnivel positivo: 1620 m. Tiempo en marcha: 5.45 h. Distancia: 21 km

Los Alpes Cárnicos se encuentran entre los Dolomitas y los Alpes Julianos, en la frontera que une Austria e Italia. Deben su nombre a los carnios, un pueblo de origen celta famoso por su fiereza, que invadieron estas montañas en el siglo V antes de Cristo. Con el tiempo esta zona se convirtió en la provincia romana de Carnia. A ambos lados de la cadena hay dos senderos de largo recorrido que bordean las cimas principales, uniendo collados y refugios. Por la parte austríaca, la Karnischer Höhenweg o ruta 403. Del lado italiano, la Traversata Carnica o ruta 146.

La cima más alta de los Alpes Cárnicos es el Hohe Warte o Monte Coglians (2780 m), que forma parte del macizo del mismo nombre, plagado de abruptas crestas calizas. Durante la Primera Guerra Mundial, los austriacos e italianos se disputaron el dominio de su cima, donde incluso se llegó a construir un fuerte; aún se pueden ver restos de estas fortificaciones. Es un excelente mirador para contemplar el resto de Alpes Cárnicos, Dolomitas, Alpes Julianos, macizo de Hohe Tauern, etc.

El Hohe Warte es una montaña con pocos accesos. Por las paredes verticales de la vertiente norte discurren dos famosas y aéreas ferratas: la Weg der 26er y la Koben Pruner, de reconocida dificultad. La ruta más sencilla a la cumbre se encuentra en la vertiente sur italiana y parte del refugio Marinelli (2111 m).


Desde Mauthen (Austria) nos acercamos al Plöcken Pass o Passo di Monte Croce, en la frontera con Italia. Por el mismo puerto pasa la ruta 146 que nos acercará al refugio Marinelli, señalizada con marcas de pintura rojas y blancas y con letreros amarillos. Comienza por sendero casi llano entre arbolado, en las proximidades de unas inscripciones romanas, que nos recuerdan que esta fue la Via Carnica o Fluvia. Caminamos por una calzada que se estrecha. Ya en terreno herboso, las marcas rojas y blancas se empinan en lazadas.


A 1570 m hay un cartel señala la desviación a la Cresta Verde (ruta 147 a), un amplio collado herboso que separa los cresteríos recortados de la Creta de Collineta o Cellon, y la Creta de Collina o Kollinspitze. Seguimos por pasto, hasta alcanzar el cruce con la ruta 147, con el mismo destino, en un amplio llano ocupado por un rebaño de cabras. El sendero progresa entre abundante vegetación, en fuerte pendiente, y se cruza con el camino a Aquila.


Llegamos a un alto desde el que se ve el refugio Marinelli (1795 m, 1 h). El sendero 146 rodea las estribaciones de lapiaz que caen de la Creta de Collina, disimuladas entre la hierba. A 1850 m nos cruzamos con la señal de la ruta 171a, que lleva a una de las ferratas que acceden a la Creta de Collina. Comienza una bajada que nos deja en un gran agujero en la roca, por el que hay que pasar. Hay cables y escalones metálicos, incluso se han tallado en la piedra varios en la piedra y se han preparado unas escaleras. Descendemos y salimos bajo los farallones de la Collina, siguiendo un camino estrecho y aéreo que se pierde entre hierbas y flores.




Las marcas descienden y ladean el terreno lapiaz, hasta cruzarse con la ruta 149 a la Cima de Mezzo. Luego progresan en zigzag y suave pendiente, hasta alcanzar una pradera con algunas manchas de agua, bajo el renovado y vistoso refugio Marinelli (2111 m, 2h). Desde su terraza hay unas magníficas vistas a los macizos Hohe Warte-Coglians y Kellerspitzen-Creta della Chianevate.





Cerca del albergue, al final de la pista que sube del refugio Tolazzi, empieza el sendero 143 al Coglians. Se encarama en las cotas herbosas que rodean el refugio, cruza la ruta 145 y, en lazadas por hierba y pizarra, sigue la dirección de las murallas. Se llega a 2290 m, para descender por hierba y espolones rocosos. Por debajo del Pico Chiadin (2302 m), la ruta se acerca a la muralla rocosa y entra en las pedreras del Hohe Warte (2310 m)). Las señales rojas y blancas se dividen: unas ascienden por el centro de la fuerte pendiente, las otras superan el pedregal cerca de la pared. Nos dirigimos a éstas.




Ascendemos por la incómoda pedriza, en fuerte pendiente. Abandonamos el caos y ladeamos por unos espolones rocosos, para volver al canchal, ahora con menos pendiente. Tras unas amplias lazadas po roca más sólida, entramos en el último pedregal. Atravesamos un pequeño nevero y nos encaramos a la última parte (2640 m).






Con ayuda de las manos progresamos por la roca y pasamos junto a unas construcciones atribuidas a los soldados de la primera guerra mundial. Llegamos a la cima (2780 m, 4 h). Hay una cruz, una campana que no ha dejado de sonar cada vez que alguien llegaba a la cumbre y dos libros de firmas.




Disfrutamos de las vistas de la cima. Nos acercamos a la línea de la ferrata Koban Prunnen: hay tres personas en pleno cresterío, una más adelantada. Es una chica italiana, que llega como si acabara de darse un paseo, aunque reconoce que la primera parte ha sido complicada. Sus dos amigas vienen detrás.






Tras localizar, entre la calima, los macizos de Dolomitas, Alpes Julianos, Hohe Tauern y otras cimas de los Alpes Cárnicos, volvemos a la pedreras, más entretenidas en la bajada, y en el refugio nos tomamos una cerveza, con vistas a las murallas cárnicas.



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